Reducción del impacto medioambiental y mejora de la clasificación ecotoxicológica con el uso de fungicidas-alguicidas encapsulados.

La conservación de paredes interiores y fachadas exteriores en edificios frente al crecimiento de hongos, mohos y algas es un reto complejo que se afronta teniendo en cuenta aspectos relativos a la salud, al medioambiente y técnicos.

La salud de las personas depende de manera muy fundamental de las condiciones de vida que gozamos. La Comisión de Determinantes Sociales de la Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que las desigualdades en salud son el resultado de la situación en que la población crece, vive, trabaja y envejece, y del tipo de sistemas que se utilizan para combatir la enfermedad. Las condiciones de salubridad de nuestro entorno, la calidad de la vivienda y de los lugares donde trabajamos, tienen impacto sobre nuestra salud. El Síndrome del Edificio Enfermo (SBS en sus siglas en inglés), reconocido en la década de 1970, correlacionó los síntomas que personas usuarias de edificios o viviendas muestran cuando se exponen a sustancias químicas, partículas o material biológico. Las condiciones higiénicas de los lugares que habitamos pueden influir en el desarrollo de algunas enfermedades. La presencia de hongos y mohos en las paredes del interior de nuestras viviendas está en el origen, por ejemplo, de alteraciones respiratorias causadas por la inhalación de sus esporas.

Cuando a mediados del siglo XX la industria comenzó a evolucionar las formulaciones base solvente a pinturas y recubrimientos base agua, la mejoría que esto supuso en cuanto a seguridad, salud y medioambiente vino acompañada de la aparición de un nuevo riesgo: la contaminación por microorganismos. La resina plástica emulsionada en medio acuoso, el agua como diluyente y la presencia de materia orgánica, son materiales adecuados para que proliferen bacterias y hongos. La intrusión microbiana puede ocurrir durante todo el ciclo de vida de los productos, tanto en el proceso de fabricación, envasado y almacenaje, como durante la fase de aplicación y vida útil.

Deterioro de una superficie por hongos y mohos

El crecimiento de microorganismos sobre un recubrimiento en estado seco altera sus propiedades y provoca cambios en su funcionalidad.

La doble función protectora y decorativa que las pinturas y recubrimientos base agua tienen sobre paredes y fachadas se ve muy comprometida por la cantidad de agua presente en el sustrato y en los materiales (humedad por fuentes directas de agua o condensación), de los agentes atmosféricos (como por ejemplo la lluvia, la radiación solar), por el contacto con productos químicos y por daños mecánicos. La interacción entre los factores ambientales y los propios materiales sobre el recubrimiento crean las condiciones idóneas para que las esporas transmitidas por el aire que se depositan sobre su superficie puedan desarrollarse y dar lugar a contaminación por hongos y mohos causando su deterioro. El recubrimiento se deteriora física y químicamente por la acción que ejercen sobre él los hongos:

  • Deterioro físico o mecánico: el crecimiento y el movimiento del microrganismo ejercen una presión sobre el sustrato que hace que se rompa la película que lo recubre.
  • Deterioro químico: el microorganismo utiliza los propios materiales del recubrimiento base agua como fuente de energía, así como su actividad metabólica produce subproductos que dañan el recubrimiento.

Las consecuencias del deterioro del recubrimiento son múltiples:

  • Consecuencias técnicas: el recubrimiento pierde las propiedades protectoras y funcionales, baja su poder cubriente y la adherencia, cambian sus cualidades mecánicas y la resistencia química, se alteran el color y el brillo.
  • Consecuencias sobre la salud: el desarrollo de hongos y mohos sobre las paredes de un edificio es un síntoma del Síndrome del Edificio Enfermo y puede ser causa de enfermedades.
  • Consecuencias económicas: los costes de descontaminación y rehabilitación de los recubrimientos contaminados, indemnizaciones, así como pérdidas a consecuencia del impacto negativo sobre la imagen de las partes involucradas.

Prevención

Para que se desarrolle contaminación por hongos sobre las superficies de los recubrimientos deben concurrir tres elementos: presencia de agua, que se depositen esporas sobre la superficie y que se den las condiciones propicias.

El agua es el elemento más determinante para el desarrollo de microorganismos. Mantener libres de humedad los materiales y sustratos, y evitar la condensación de agua sobre las superficies, son el primer paso necesario para evitar que las esporas presentes en el ambiente prosperen en hongos.

Una de las mejoras en la calidad de los recubrimientos consiste en aumentar su durabilidad tanto funcional como decorativa, y ampliar así el periodo de repintado. La propia formulación de pinturas y recubrimientos base agua contribuye a crear unas condiciones adversas y reducir el riesgo de contaminación. La formación de una película continua y flexible que repela la humedad, el uso de biocidas que contrarresten los nutrientes presentes en el sistema y controlen la posible intrusión de esporas y hongos durante la fase húmeda, y la incorporación de fungicidas que protejan la película seca frente al crecimiento de hongos en superficie, son las formas más eficaces de evitar el deterioro del revestimiento a causa de la actividad de microorganismos.

Los conservantes de película alargan la vida útil del recubrimiento

Actualmente, los nuevos patrones de consumo en la sociedad y la creciente reglamentación están dirigiendo a la industria fabricante de pinturas y recubrimientos base agua a formular productos protegidos frente a la intrusión microbiana para que mantengan las características y funcionalidades durante toda su vida útil y, al mismo tiempo, con un etiquetado atractivo para el mercado, con unos costes ajustados y que cumplan con las normativas. Las agresiones ambientales a las que quedan expuestas los recubrimientos una vez aplicados degradan sus componentes. El agua de lluvia o la humedad lixivian pigmentos, cargas y también sustancias activas biocidas arrastrándolas fuera del recubrimiento y depositándolos en el medioambiente.

Por sus características, los fungicidas son productos clasificados como peligrosos y tóxicos para el medioambiente. La conservación de los recubrimientos base agua en estado seco presenta un reto complejo: proteger la superficie frente al crecimiento de hongos y algas con el mínimo impacto para la salud y el medioambiente.

En este contexto, la industria fabricante de biocidas está destinando recursos al desarrollo de conservantes capaces de controlar la contaminación microbiológica con el menor impacto medioambiental posible y con seguridad para las personas que manipulan tanto los biocidas como los productos finales que se ponen en el mercado.

Protección potente y equilibrada con fungicidas-alguicidas encapsulados

La nueva generación de fungicidas-alguicidas micro encapsulados son una solución óptima para proteger pinturas y recubrimientos frente al crecimiento de hongos y algas en su superficie, alargando la vida útil del recubrimiento y, al mismo tiempo, reduciendo el impacto que tiene el biocida sobre el medioambiente y mejorando la seguridad en el momento de su manipulación.

La microcápsula es una estructura polimérica porosa que recubre las sustancias activas biocidas y realiza una doble función de protección del propio biocida y de reducción de su clasificación eco-toxicológica:

  1. Protección del biocida: las microcápsulas porosas recubren las moléculas de los activos biocidas reduciendo la acción agresiva y debilitante que ejercen la lluvia, la humedad, el viento y los insectos, así como la de los rayos UV y la temperatura evitando el amarilleamiento y coloraciones no deseadas que algunos activos pueden causar.
  2. Menor clasificación de peligrosidad: la encapsulación porosa controla el coeficiente de difusión de los activos biocidas dejando una menor cantidad de fungicida libre en el medio acuoso lo que mejora la clasificación eco-toxicológica del recubrimiento permitiendo un etiquetado más suave del producto final.

BIOCIDAS ENCAPSULADOS

La microcápsula controla el coeficiente de difusión de los activos fungicidas y alguicidas alargando el periodo de migración del interior al exterior de la cápsula promoviendo así una liberación progresiva del biocida prolongando en el tiempo su eficacia fungicida y alguicida y haciéndolo más resistente a las agresiones externas que impactan sobre la película seca.

El sistema de microencapsulación desarrollado por Chemipol permite obtener conservantes de película de amplio espectro de actividad como el FUNGIPOL CP 123, un fungicida y alguicida con una alta concentración de sustancias activas biocidas encapsuladas que brinda una potente protección frente a hongos, levaduras y algas. Por sus características, permite formular pinturas y recubrimientos base agua con etiquetado ecológico y libres de VOC. Por su fórmula, el FUNGIPOL CP 123 es adecuado tanto para recubrimientos interiores como exteriores.

Conclusiones

El uso de biocidas micro encapsulados permite fabricar pinturas y recubrimientos base agua con una protección fungicida-alguicida a largo plazo, muy resistente a la lixiviación, estable a la alcalinidad, resistente a la temperatura y a la radiación UV, no causan amarilleamiento ni alteran el color del recubrimiento. Su uso tiene menor impacto medioambiental y permite conservar recubrimientos frente a hongos y algas con mayor seguridad que con los biocidas tradicionales. Los fungicidas-alguicidas encapsulados permiten satisfacer distintas opciones de marketing como las requeridas para pinturas base agua con certificaciones ecológicas.

Septiembre 2021, por Anna García, responsable de la unidad de pinturas y recubrimientos, y Eduard Broto.